Los implantes dentales están diseñados para ofrecer una solución estable y duradera, pero, igual que los dientes naturales, necesitan cuidados: higiene y revisiones periódicas. (la frecuencia de las mismas depende de cada paciente, especialmente si tiene antecedentes de periodontitis, fuma, presenta dificultades de higiene o padece alguna enfermedad que pueda aumentar el riesgo de complicaciones)
Aun así, por mucho que se cuiden los implantes, siempre puede acabar surgiendo un problema. Y lo más peligroso es que, cuando aparece, no siempre comienza con un dolor intenso. En muchas ocasiones, las primeras señales son discretas: una encía que sangra, una inflamación que no desaparece, un cambio en la forma de morder o una prótesis que parece moverse.
Detectar estos cambios a tiempo puede ayudar a tratar una complicación antes de que avance.
Por eso, en el artículo de hoy del blog de la Clínica Dental Elena Bocage de Las Arenas queremos explicarte qué señales tempranas de problemas puedes detectar alrededor de un implante y cuándo conviene solicitar una revisión.
¿Un implante puede tener problemas, aunque no duela?
Como ya hemos mencionado, algunas complicaciones alrededor de los implantes avanzan sin causar dolor durante sus primeras fases.
Y de entre las “habituales”, una de las más frecuentes es la mucositis periimplantaria, una inflamación de la encía que rodea el implante.
En su primera fase solo existe sangrado e inflamación, pero no se produce una pérdida adicional del hueso que sostiene el implante. Ahora bien, si el proceso progresa y comienza a destruir ese hueso, tendremos ya una periimplantitis.
Ahora bien, al tratarse del hueso, el diagnóstico no puede hacerse en casa a simple vista porque requiere comparar la situación clínica y radiográfica del implante. Por eso, esperar a que aparezca dolor no es una buena forma de controlar su salud: con los primeros síntomas, conviene ya visitar a un profesional.

Sangrado o inflamación alrededor del implante
Una encía sana alrededor de un implante no debería sangrar de manera habitual, aunque un sangrado puntual después de un cepillado demasiado fuerte no significa necesariamente que exista una enfermedad.
Ahora bien, si observas sangrado repetido al cepillarte, enrojecimiento, hinchazón o sensibilidad en la zona, puede existir inflamación: en muchas ocasiones, esta aparece por la acumulación de placa alrededor de la prótesis o en zonas de difícil acceso.
Aun así, no conviene dejar de cepillar la zona por miedo a que sangre, ya que la acumulación de placa puede empeorar la inflamación. Es preferible mantener una higiene cuidadosa y solicitar una revisión para comprobar la causa.
Supuración, mal sabor o mal olor
Sentir un sabor desagradable recurrente, que haya pus alrededor del implante o un mal olor localizado, son señales que deben revisarse cuanto antes ya que pueden indicar que existe una infección o una inflamación en estado avanzado.
Y aunque la molestia disminuya después de unos días, esto no significa que el problema se haya resuelto.
En estos casos no es recomendable presionar la encía, intentar limpiar por debajo de la prótesis con objetos ni tomar antibióticos por cuenta propia. El tratamiento dependerá del origen y de la extensión del problema.

Dolor, presión o molestias al masticar
Un implante que lleva tiempo integrado no debería empezar a doler sin motivo.
La aparición de presión, dolor al morder o molestias al tocar la zona puede estar relacionada con inflamación, una sobrecarga, un ajuste inadecuado de la mordida o un problema en alguno de los componentes de la prótesis.
También es importante diferenciar esta situación de las molestias normales de los primeros días después de una cirugía. Si el dolor aumenta, reaparece tras haber desaparecido o se acompaña de inflamación intensa, fiebre o supuración, es necesario contactar con la clínica.
¿Qué ocurre si notas movimiento?
Un implante integrado en el hueso no debe moverse.
Sin embargo, cuando el paciente nota movilidad, no siempre es el implante el que se ha desplazado. A veces lo que se afloja es la corona, el tornillo que la une al implante o algún componente de una prótesis más amplia.
Aunque no exista dolor, no conviene seguir masticando con normalidad sobre esa zona ni intentar apretarla en casa, ya que una pieza floja puede dañar otros componentes o dificultar la higiene.
Si el movimiento corresponde realmente a algo relacionado con el implante, la situación requerirá de una valoración rápida: solo una exploración profesional permite distinguir qué parte se está moviendo.
Cambios en la encía o en la forma de morder
La retracción de la encía puede dejar visible una parte metálica, crear espacios donde antes no los había o hacer que la corona parezca más larga.
Estos cambios no siempre significan que el implante vaya a perderse, pero sí conviene estudiar por qué han aparecido.
También deberías prestar atención si de repente notas que los dientes chocan de forma diferente, se acumula comida alrededor del implante o el hilo dental entra con mucha más facilidad que antes.
A veces el problema no está en el implante, sino en la prótesis, el contacto con los dientes vecinos o la evolución de la encía. Revisarlo permite corregirlo antes de que genere sobrecarga o dificulte la limpieza.

La importancia de consultar ante los primeros cambios
En el caso de los implantes, controlar la zona y mantener una buena higiene son fundamentales, pero no sustituyen las revisiones profesionales, ya que solo en la consulta podremos valorar las causas reales de un sangrado, la profundidad de la encía alrededor del implante, la estabilidad de la prótesis, la mordida o el nivel del hueso.
Y esto es muy importante porque, como ya hemos mencionado, un problema alrededor de un implante no siempre provoca dolor desde el principio.
Si detectas alguna de las señales que hemos mencionado a lo largo del artículo, llámanos a la Clínica Dental Elena Bocage de Las Arenas para solicitar una cita.